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y terminó cambiando mi forma de leer el tarot

Si me hubieran preguntado en 2016 qué sistemas oraculares quería aprender, probablemente habría dicho que me daba miedo el tarot y ahí hubiese terminado el asunto.

El Lenormand ni siquiera estaba en mi radar. De hecho, la primera vez que me crucé con él fue por pura casualidad hace un par de años.

Años antes de empezar a estudiar tarot, circa 2016-2017 encontré una marca estadounidense llamada Labyrinthos, que en ese momento tenía apenas un par de mazos. Con los años crecieron muchísimo y hoy tienen un catálogo enorme, pero por entonces ofrecían dos diseños principales.

Uno era el Luminous Spirit Tarot, con ese reverso holográfico tan característico y unas ilustraciones en blanco y negro increíblemente delicadas. Me parecía, sencillamente, uno de los mazos más lindos que había visto. En ese entonces era solo un lindo objeto el cual tenía en mi wishlist y nada más. ¿Tenía idea de lo que me atraía del mazo? Claro que no. Ni sospechaba que años después el tarot se iba a transformar en un trampolín que me iba catapultar a un mundo maravilloso.

El otro era la colección Seventh Sphere, que tenía dos versiones hermanas: un Tarot de Marsella y un Oráculo Lenormand.

Quick PSA: ¿Qué es el Oráculo Lenormand?

El Oráculo Lenormand es un sistema de 36 cartas inspirado en la célebre cartomante Marie Anne Lenormand. A diferencia del tarot, utiliza símbolos concretos —como el barco, el árbol, la llave o el perro— para responder preguntas de manera directa y descriptiva. Aunque ambos pueden utilizarse por separado, muchas personas los combinan porque se complementan muy bien.

Recuerdo pensar que el único que realmente me gustaba era el Luminous Spirit. Los Seventh Sphere me parecían lindísimos, pero no terminaban de resonar conmigo. Así que seguí de largo.

Fast forward unos años 8.

Mi amiga Jaz viajó a Estados Unidos y por esas casualidades de la vida volvió con ambos mazos: el Seventh Sphere Tarot y el Seventh Sphere Lenormand. Y al tiempo una tarde me hizo una lectura utilizando los dos al mismo tiempo.

Primero, un pequeño shout out para Jaz de @vibeinmagic, porque es una genia. Canalizadora, médium, psicóloga y tarotista. Además de que la lectura fue espectacular, hubo algo que me dejó completamente fascinada.

No era solamente lo que decía la tirada: era la manera en que ambos sistemas conversaban entre sí. Ver el tarot acompañado por el Lenormand, complementándose carta a carta, me voló la cabeza.

Fue amor a primera vista.

No con ese mazo en particular, aunque sí fue un guiño a entender que hacía 10 años que ya todo esto me llamaba pero no estaba atendiendo el llamado, sino con el sistema Lenormand. A partir de ese momento me dediqué a encontrar un mazo que pudiera «maridar» visualmente con alguno de los mazos de tarot que ya tenía. Quería que se sintieran como una pareja. Como si hubieran sido diseñados para leerse juntos.

Busqué durante semanas por todos los rincones de Internet hasta que encontré el Pixie’s Astounding Lenormand.

Cuando vi el reverso no lo podía creer.

Combinaba casi a la perfección con mi Smith-Waite Centennial Tarot Deck de Pamela Colman Smith. Compartían la misma paleta de colores, el mismo espíritu vintage y un estilo de ilustración muy similar. Incluso los reversos parecían pertenecer a la misma familia: distintas flores, pero una estética tan cercana que daba la sensación de que ambos mazos hubieran sido concebidos juntos.

En ese momento entendí que no necesitaba comprar el Seventh Sphere, por suerte. Seguía pareciéndome hermoso aunque también era verdad que no me terminaban de convencer, pero ya había encontrado el compañero perfecto para mi tarot. Y eso era exactamente lo que estaba buscando.

¿Por qué combino Tarot y Lenormand?

Un tiempo prudencial después empecé a incorporar el Lenormand a mis lecturas. Al principio como un complemento. Después como una segunda voz dentro de la misma tirada.

Con el tiempo descubrí que el tarot y el Lenormand no hacen lo mismo. El tarot profundiza, explora procesos, emociones y aprendizajes. El Lenormand, en cambio, es directo. Un poco chismoso, si me permiten. Lejos de competir entre sí, descubrí que se potencian. Uno aporta contexto. El otro aporta otro tipo de precisión.

Y desde entonces, rara vez leo uno sin sentir la tentación de invitar al otro a la mesa.

Lo que todavía no sabía era que esa obsesión por encontrar el compañero perfecto para mi tarot iba a terminar, años después, llevándome a crear algo completamente distinto: un mazo Lenormand construido íntegramente con cartas Pokémon.

Pero esa historia merece su propio artículo.

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