Una forma de trabajar con la energía desde la intuición
Hay cosas que hacemos durante mucho tiempo antes de saber cómo llamarlas.
Durante buena parte de mi vida tuve una sensación muy particular en las manos. Desde chica, pero especialmente durante los últimos años de mi adolescencia y los primeros de mi adultez, sentía cosquilleos en las palmas, falta de fuerza, dolor o una especie de saturación de toda la mano que no terminaba de entender. En algún momento llegué a pensar que podía tener que ver con alergias, histaminosis o algún proceso inflamatori atípico, pero después de hacerme estudios y no encontrar una explicación médica concreta, simplemente seguí con mi vida.
También algo clave a entender es que a lo largo de mi vida siempre estuvo presente mi interés por la espiritualidad y las mancias además de que formara parte de mi cotidiano habiendo credio en un hogar bastante místico – new age – espiritual – donde cada vez que me sentía mal mi mamá me hacía energía (Energía Universal) o Reiki y sino mi papá me fluidaba como había aprendido cuando iba a Escuela Científico Basilio en los 50’s. Durante un tiempo, pensé que lo que hacía espontáneamente con mis manos era simplemente Reiki sin haberme iniciado en la técnica, porque era lo que conocía intentando explicar sin mucho esfuerzo qué era lo que estaba haciendo. No hacía sesiones ni me consideraba terapeuta energética. Era simplemente algo que formaba parte de mi mundo.
Cuando empecé a entender qué estaba percibiendo
Entre 2016 y 2018, antes de la pandemia, empecé a hacerme cargo de mi percepción aceptando que todo esto iba bastante más allá de lo que hasta entonces había considerado casual. Empecé a percibir presencias, información y sensaciones de otros planos con mucha más frecuencia, y tuve que aprender a manejar mi propio canal y a entender qué hacer con todo eso.
Al mismo tiempo, mis manos empezaron a reaccionar de maneras todavía más intensas. Cuando sentía emociones fuertes, cuando lloraba, cuando estaba extremadamente feliz o cuando algo me movilizaba muchísimo, sentía que las manos y los brazos se saturaban. A veces incluso se me dormían y durante un rato me costaba moverlos con normalidad. Cuando lloraba, particularmente, podía sentir muchísimo dolor en las manos.Era extraño porque no encontraba una explicación que relacionara esas experiencias con algo físico concreto.
Fue durante una canalización que alguien me dio una interpretación completamente diferente de lo que venía experimentando. Me habló del trabajo energético a través del corazón y las manos, y de una conexión que, según esa mirada espiritual, venía de mucho antes de esta vida.

También me presentaron el concepto del corazón multidimensional, que dentro de ciertas corrientes espirituales se entiende como una evolución del centro energético del chakra cardíaco junto con el chakra del timo que se han incorporado en estas nuevas olas energéticas. Para mí, más que encontrar una respuesta definitiva, ese momento significó encontrar un lenguaje para algo que llevaba años sintiendo.
¿Qué es Sanäshï?
Con el tiempo, mis manos empezaron a moverse espontáneamente cuando entraba en conexión con otra persona, seres o espacios. No era algo que decidiera conscientemente hacer. Las manos parecían seguir una información que yo percibía, mientras aparecían movimientos, sensaciones y distintas formas de trabajar sobre el campo energético.
Así fui entendiendo lo que hoy llamo Sanäshï, nombre que me indicaron mis guías.
No es una técnica que haya aprendido en un curso ni algo que alguien me haya enseñado paso a paso. Fue un proceso de experimentación, percepción y conexión conmigo misma que se desarrolló durante varios años. También forma parte de mi propia manera de entender mi sensibilidad y mi práctica espiritual.

En ese proceso aparecieron dos guías que me fueron guiando en este trabajo y que me develaron mi origen estelar Felino de Sirio A y por ende el origen de esta técnica. Esa es parte de mi experiencia personal y de la forma en que comprendo este recorrido; no pretendo presentarla como una verdad que tenga que ser compartida por quien llega a una sesión. Y quizás eso sea lo más importante para explicar qué hago.
Yo no sano a nadie. Simplemente facilito un espacio para que la propia persona, el propio consultante, genere su sanación en base a lo que su esencia pide y necesita.
Mi tarea es abrir ese espacio, percibir lo que sucede energéticamente y dejarme guiar por lo que la propia energía del consultante necesita. No llego con una lista de cosas que tengo que «arreglar», ni decido qué debería pasarle a la otra persona. La sesión se construye en ese encuentro. Por eso cada sesión de Sanäshï es diferente.
Algunas son muy tranquilas. Otras pueden ser intensas. A veces hay mucho movimiento y otras veces lo que aparece es simplemente una sensación de calma y espacio. No hay una experiencia que tenga que suceder ni un resultado que yo pueda prometer de antemano.
Para mí, Sanäshï es una sesión intuitiva y energética de armonización profunda con la propia esencia, pero sobre todo es una forma de acompañar. Una manera de generar un espacio seguro para que cada persona pueda conectar con aquello que necesita escuchar, sentir o mover en ese momento de su proceso.
Hoy, después de todos esos años intentando entender qué pasaba con mis manos, hay algo que todavía me causa gracia.


Durante años, en chiste, decía que tenía «mano santa» y sanaba a la gente. Porque en salidas y fiestas hacía mis trucos de magia. Imponia mis manos sobre autos y magicamente arrancaban, tocaba las panzas de mis amigos y se iban los dolores y hasta le quitaba la acídez a mis amigos en cenas o en boliches después de pasarse de comida chatarra. Todos nos reíamos pero también la gente quedaba incrédula.
Y resultó que quizás había algo de verdad en el chiste.
Solo que, al final, entendí que las manos nunca fueron realmente el punto. El punto siempre fue el espacio que se abre cuando conectamos desde un lado sútil.



