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Hay personas que coleccionan mazos. Y otros armamos un pequeño universo donde los mazos que lo integran tiene un propósito, una conexión conmigo y lugar dentro de mi práctica.

Después de encontrar el Pixie’s Astounding Lenormand, sentí que por fin había dado con el compañero perfecto para mi Smith-Waite Centennial Tarot Deck. Los dos compartían esa estética clásica que tanto me gusta, los reversos parecían pertenecer a la misma familia y, cada vez que los usaba juntos en una lectura, la sensación era la de estar trabajando con un único sistema compuesto por dos voces diferentes.

Había un solo problema.

Cada uno vivía en su propia caja.

Puede parecer un detalle menor, pero para mí no lo era. Tanto rosquié para encontrar el par lenormand de alguno de mis tarots que mi venus en casa 12 no me lo permitía.

Siempre tuve cierta debilidad por hacer que las cosas dialoguen entre sí, que sean esteticamente hermosas a la vista. Que un objeto no solo sea funcional, sino que también cuente una historia y, si se puede, que sea bello de admirar. Y si algo aprendí desde que empecé a leer tarot, allá por 2019, es que muchas veces termino creando con las manos aquello que no encuentro hecho.

Volver a mis primeros años como artesana de mazos

Cuando empecé con el tarot, gran parte del aprendizaje también pasó por el lado manual. Aprendí a leer el tarot haciendo mazos para otras personas. El oficio fue mi primer maestro.

Me gustaba intervenir mis herramientas, pensar presentaciones, probar materiales y encontrar maneras de hacerlas más personales. Esa parte creativa nunca desapareció; simplemente estuvo esperando el momento indicado para volver.

Y reapareció cuando incorporé el Lenormand.

Quería que ambos mazos viajaran juntos. Que se guardaran juntos. Que al abrir la caja ya se sintiera que pertenecían al mismo universo.

Una vieja caja de iPhone y un poco de imaginación

La solución estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.

Tenía guardada una caja de un iPhone que ya no usaba. En lugar de descartarla, decidí darle una segunda vida.

Diseñé un exterior inspirado en la estética de mis dos mazos, imprimí el diseño, adapté las medidas y transformé esa caja en un estuche hecho a medida para guardar el tarot y el Lenormand juntos.

Lo que más me gusta es que, si alguien la ve cerrada, probablemente no imagine lo que hay dentro.

Y cuando la abro antes de una lectura, siento que también estoy abriendo un pequeño ritual.

El detalle que terminó de unir todo

Había algo más que faltaba. Desde hace tiempo, utilizo la radiestesia en distintos momentos de mi práctica. Con el tarot uso mucho los péndulos para limpiar los mazos de manera rápida y efectiva.

Cuando terminé la caja, me di cuenta de tenía hace años un péndulo de aventurina verde-turquesón que combinaba casi perfectamente con los reversos de ambos mazos. Y, como suele pasar con las coincidencias que más disfruto, terminó haciendo que todo el conjunto se sintiera completo.

Tarot – Lenormand – Péndulo – La caja contenedora.

Cada elemento tiene una función distinta, pero juntos forman un espacio de trabajo que me hablaba.

Más que herramientas

Con los años entendí que las herramientas que usamos también construyen la experiencia. No creo que una caja haga mejores lecturas ni que un mazo sea mejor que otro. Menos que un péndulo por más lindo que sea cambie un mensaje. Pero sí creo que rodearnos de objetos que elegimos con intención cambia la manera en que nos disponemos a escuchar y actuar.

Para algunas personas, un mazo es simplemente un mazo. Para mí un poco tambén, pero no quita que es un objeto que acompaña procesos, guarda historias y merece un lugar pensado especialmente para él.

Quizás por eso terminé reciclando una vieja caja de iPhone en lugar de comprar un estuche nuevo. Porque había algo muy simbólico en darle una nueva vida a un objeto para que pudiera cuidar otros que, con el tiempo, también terminaron transformando una parte de la mía.

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